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Gonzalo Figueroa Cea: El robusto señor Rock

¿”Led Zeppelin II” o “Led Zeppelin IV”?...Sí, “Led Zeppelin II”, pero…

El cuarteto grabó discos muy buenos pero, dentro de la difícil misión de escoger el mejor de la agrupación, me quedo definitivamente con el segundo, publicado en un año -1969- de grandes discos: “In the Court of the Crimson King”, “Abbey Road” y “Ummagumma” son algunos de los ejemplos más conocidos.

“Estos gallos son secos. Te voy a mostrar como suenan” me dijo una tarde de los primeros años 80 el tercero, en orden cronológico convencional, de mis hermanos mayores, por entonces adolescente. Debe haber sido una de esas tantas tardes ochenteras de fin de semana, pausas necesarias del quehacer escolar, donde mi hermano podía pasar varias horas ordenando su dormitorio y escuchando rock o algún exponente de la Nueva Canción Chilena.


Si gracias a mis dos hermanos mayores conocí a los Beatles, el rock progresivo, la Onda Disco, Peter Frampton y Kiss, de mi tercer consanguíneo conocí la beta más folclórica y el rock un tanto más pesado y carente de pudor. Fue en una ocasión como ésa cuando conocí a Deep Purple.

Pero la tarde elegida no me motivó a escuchar a Deep Purple -como sí ocurrió otra tarde-, sino que a unos compatriotas de los “Púrpura Profundo” cuyo nombre en castellano era algo así como “Dirigible Plomo”; en otras palabras, se refería a un cuarteto llamado Led Zeppelin. Y efectivamente escucharlos, como diría un argentino, “me revolucionó el mate”. Realmente fue impresionante.

Y yo debo haber tenido unos 10 años de edad. El hermano aludido debe haber tenido, en ese entonces, unos 14 años. Esas tardes rockeras me sirvieron para conocer también a Santana, Pink Floyd, Focus, los mismos Purple, Emerson Lake and Palmer y muchas bandas emblemáticas más. Pero también (en una época particularmente difícil en materia política) pude conocer a Quilapayún, Inti Illimani, Silvio Rodríguez, Sui Generis y Víctor Jara. La propuesta de Los Jaivas también me resultó bastante llamativa. Fue muy bonito.

Pero el rock estaba predestinado a transformarse en algo especial para mí y así me ocurrió con Led Zeppelin. “Moby Dick” y “Starway to Heaven” fueron los primeros temas zeppelianos que me causaron ese atractiva sensación que genera la rareza, lo original, la belleza y la potencia (lo “power”, dirían hoy) juntos y, otras veces, revueltos o entrelazados.

Conjeturas: ¿cuál es el mejor disco de los ZEP?

Para los incondicionales de la inigualable banda británica debe ser difícil detectar cuál es su mejor o más influyente álbum. En el caso de los Beatles, quienes aman su música no tienen dificultades al nombrarlo: “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967). The Dark Side of the Moon” (1973), a mi juicio, suele ser más nombrado que “The Wall” (1979) como el largaduración más representativo de Pink Floyd.

Respecto de Led Zeppelin, su cuarto álbum, plagado de éxitos, debiese ser el mejor en un eventual sondeo entre seguidores, pero en realidad cualquiera de los long plays que grabó el “dirigible plomo” desde su fecha de nacimiento hasta cumplido el primer lustro de los 70, puede ser calificados como “grande entre los grandes”.

En lo personal me quedó con “Led Zeppelin II” (1969) y sin desmerecer a “Led Zeppelin III” (1970).

“Led Zeppelin II” es de un año -1969- de grandes discos: “In the Court of the Crimson King” de King Crimson, “Abbey Road” de The Beatles y “Ummagumma” de Pink Floyd, por ejemplo. “Led Zeppelin II” encarama al cuarteto en el sitial de los dioses del hard rock mediante una propuesta con riquísimos matices: blues, guitarras pesadas, sonidos extraños, el histrionismo vocal de Robert Plant, partes de extrema delicadeza y salvajemente románticas, otras muy potentes e intensas y una cantidad no despreciable de secciones más agresivas.

Destacan el bajista John Paul Jones y el baterista John Bonham (Q.E.P.D.) ejecutando sus instrumentos como una base rítmica que dialoga mucho. “The Lemon Song” es un ejemplo de aquella combinación. “Moby Dick”, en tanto, es la famosísima parte en que Bonham es aparentemente abandonado por sus compañeros durante algunos minutos para lucirse como los toms, los platillos y otros tubulares, incluso sin baquetas en un momento.

Jimmy Page consagra aquí su cariño por el blues en un arranque de improvisación, pausas, punteos y veloces riffs. “Puro talento puro” diría el sabio locutor Sergio “Pirincho” Cárcamo.

“What Is and What Should Never Be”, “Thank You”, “Heartbreaker”, “Living Loving Maid (She's Just a Woman)”, y “Bring It On Home” (gran cierre) constituyen el resto de los temas de un disco enérgetico e inolvidable. ¡¡Uno de mis favoritos!!.





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