Dentro de una micro
Algunos dirán que la micro es lo mismo todos los días. ¡No, señores! Cada viaje tiene su afán: algunos son entretenidos, otros son olvidables, otros son terribles. Les comparto dos cuentos al respecto. Por Gonzalo Figueroa Cea No alcanzan a ser las 7AM y llega la micro del Transantiago. ¿Destino? El metro: ni tan lejos ni tan cerca (como la película de Win Wenders, pero en otro sentido). De pronto un matrimonio con su pequeña hija toma el bus. Por las circunstancias pareciera que hubiesen tenido un problema con el vehículo antes de irse los dos a trabajar: la niñita va bien arropadita con pijama y una frazada. Los padres parecen equecos con tanta cosa: bolso grande, mochila, cartera y otros terrenales “suvenires”. Justamente empiezan a quejarse del funcionamiento del vehículo cuando yo aprovecho de ayudarles al momento de la subida. Detrás de mí hay un tipo refunfuñando.