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Firmando contrato con tu tiempo

EN TERCERA CLASE
Ferenc Mancilla quedó alucinado con un taller llamado así y que tuvo lugar un día de trabajo. 

Ferenc Mancilla se propuso escribir sobre el taller "Firmando contrato con tu tiempo", pero al principio se bloqueó: "¿qué entenderá la gente por esto?. ¿Acaso creerán que pagarán horas extras por distribuir mejor el tiempo?. ¿O pensarán que el tiempo es como una suerte de empleador?", se preguntaba.

Por de pronto, pensó en algo muy simple: el entorno en el que estuvo presente durante esa actividad se trató de un hermoso club de campo en Las Vizcachas, en plena zona precodillerana, en el sector suroriente de la capital. Acto seguido consideró algunas presencias relevantes en la misma circunstancia: una psicóloga, una profesora de educación física, asistentes sociales, un abogado y una nutricionista dentro del lote. "Entonces, como hubo harto de que hablar, puedo poner en mi blog lo que se me venga en gana", reflexionó Ferenc.

Y, como a veces las soluciones salen solitas (casi sin que uno se lo proponga abiertamente), complementó en su pensamiento una observación no menor: al comienzo del taller, la jefa del equipo detalló a los asistentes al evento -personas que bordean la edad de jubilar, salvo Mancilla- una serie de tips que constituyen todo un arranque para lo que el protagonista de esta historia escribirá:

  • Privilegiar el tiempo con nuestros hijos
  • Disfrutar la naturaleza
  • Escuchar música


"Todo depende de uno: la felicidad y la tristeza dependen de mi actitud", se automotivó Ferenc. A su vez concluyó que una actitud positiva en la vida nos permite cosas como ésta:

  • Tener amistades
  • Crear redes
  • Capacidad de crecer y desarrollarse


Ferenc, quien ya no tiene trabas para soltar la pluma, cree que, en tiempos en que solemos complejizar todo y centramos nuestros esfuerzos en cosas que no valen la pena, simples acciones, como las expuestas, ayudan mucho. 

Mancilla también tomó nota de lo que compartió en el taller la psicóloga tras formular aquella una pregunta notablemente interesante: "¿qué hacías a los 18?"

Abundaron respuestas del tono: "hacer deporte", "haber tenido mi primer amor", "estar en la playa bien seguido", "haber ido a fiestas más menudo", "hacer viajes con mayor frecuencia". "Descubrí el rock", enfatizó en la oportunidad Ferenc.

"No importa la edad. Uno se siente igual. Los sueños son los mismos. Partamos por eso: conociéndonos a nosotros mismos", puntualizó la psicóloga.

En efecto, esto es sólo el comienzo.

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