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Cuento corto: "Y...la puerta abierta"

Retratos de mujeres hermosas en acuarela sobre papel
Autor Steve Hanks
Sitio Pinterest
SEXUAL DELICADEZA
Y ocurrió...Y Arnaldo no lo esperaba. De pronto, en la acogedora pensión "Frida" y sacada la corbata, pasó desde su habitación hasta el comedor, para ir a tomar su once, cuando el asombro lo detuvo.

Era Katia, la hermosa joven de la habitación contigua a la de Arnaldo. Estaba completamente desnuda, de espaldas a la puerta de su pieza y mirándose al espejo sin advertir que la estaba abierta y que la miraban.

Quedó asombrado. No quiso devolverse y mirarla de nuevo porque el ruido de los pasos, en el piso de madera, lo acusaría de inmediato.

Pan con tostadas, mermelada light, algo de jamón y queso más un rico café con leche constituían el estupendo manjar de la once.


De pronto apareció Katia, vestida como para salir a trotar. Él estaba de oficinista.

-¿Cómo esta mi vecino?, ¿duro el trabajo? -preguntó la muchacha.

-Sí, pero muy grato de estar acá. ¿Y usted? -retrucó a su vez el hombre, de 38 años de edad.

-Bien. Regresé hace poco de la universidad. Me tomaré sólo un jugo y saldré a correr al parque.

Fue breve y agradable...Al menos para él. Pero había un par de varones más en la mesa, llegados recientemente a la pensión, suficiente como para que la conversación careciera de mayor profundidad.

Al día siguiente la situación fue bastante parecida. Pero sólo hubo una diferencia: mientras Katia estaba nuevamente de espalda y desnuda, Arnaldo siguió de largo. La vio pero hizo el leso.

Ya sentados en la mesa la conversación fue igualmente agradable. Ida Katia a su gimnasia vespertina, los restantes inquilinos ya comentaban con confianza a Arnaldo acerca de lo buenamoza que es la mujer, quien tiene unos 22 años de edad.

El miércoles se repitió el esquema: la habitación de Katia exhibía la misma situación de los días anteriores. Es la última, al fondo a la derecha, antes de la de Arnaldo. Éste fue raudo hasta el comedor, pero ya tenía ciertas sospechas acerca de por qué la joven se desvestía con cierto descuido respecto al entorno.

En la mesa no se atrevió a preguntarle, pero la conversación se tornó más agradable que de costumbre. Estaban solos. La dueña de casa estaba en la cocina, muy concentrada viendo la telenovela del momento.

-¿Te gusta hacer deporte? -preguntó ella.

-Sí, juego baby fútbol, pero no con regularidad -respondió él.

-¿Te tinca que salgamos a trotar a la misma hora? -inquirió Katia.

-Encantado.

-Te va a a hacer bien -opinó la muchacha.

-A contar de mañana lo hacemos. Estoy cansado: mucho papel en la oficina -se quejó él, aunque amablemente

-Por supuesto. 

El resto de la conversación deambuló por materias tan disímiles entre sí como calidad de vida, sus carreras, rock, música popular, autores literarios favoritos y algo de política pero sin profundizar demasiado.

El jueves se repitió el mismo esquema, salvo por un detalle: salieron a trotar. Ella todavía no advertía que él la veía desnuda por fracción de segundos cada tarde a la hora de once.

El viernes ocurrió algo inesperado, pero en un sentido inverso a lo relatado al principio de este cuento: justo cuando pasó Arnaldo frente a la habitación de Katia, ésta dio vuelta la cabeza y vio a su amigo. Se miraron por algunos segundos, que parecieron eternos.

-¡Perdona! -exclamó Arnaldo con cara de culpa.

-Tranquilo -respondió ella, quien con razonable velocidad se tapó con una bata.

-Te espero en la mesa -dijo él.

-No tengo hambre -respondió ella.

-Pero si tomas sólo un jugo -reparó Arnaldo 

-¿Y tú tienes hambre? -preguntó Katia.

-...Un poco -dijo el consultado tras pensar algunos segundos.

-Bueno, terminas de tomar once y vienes para acá -afirmó la muchacha con seguridad.

-¿No saldremos a trotar? -preguntó él.

-Yo, al menos, no. ¿Y tú, Arnaldo? 

-Creo que ya no, Katia.

Comentarios

  1. Éste cuento destaca el respeto, el encanto y la pureza de la naturaleza humana.
    Felicitaciones al autor

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