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Adonde Katanga

Marion e Indiana (foto de sitio The Ace Black Movie Blog)
Por Gonzalo Figueroa Cea


Henry Jones Junior y Marion Ravenwood ya pasaron lo peor...Por lo menos hasta ahora. El barco pirata, comandado por el capitán Katanga, parece ser el subterfugio perfecto no sólo para acercar el arca de la alianza a un destino que dé seguridad, lejos de los nazis, sino también para escapar del peligro de caer en manos de ellos mismos y del inescrupuloso arqueólogo francés René Belloq.

La travesía fue dura desde Nepal, pasando por El Cairo, el desierto, una vuelta a El Cairo y, arrebatado el valioso cargamento a los representantes del führer, a la embarcación en la que se encuentran Jones y la señorita Ravenwood. Indiana (como llaman a Henry sus amigos) y Mary (como nombran a ella sus cercanos) están en un rústico pero suficientemente confortable dormitorio, ideal para un merecido descanso. Es de noche y la nave ya está mar adentro. 

Están muy cansados y él bastante magullado y con algunas heridas, pero contentos. Ella cree, no obstante, que es el momento oportuno para...algo más que intimar. Parece que se queda dormido tras las primeras caricias mutuas, pero después de cinco minutos despierta, como quien desafía permanentemente a la naturaleza.

-¡Que hermoso vestido! -exclama con sensual voz el "héroe americano", como le llaman quienes han agradecido sus proezas en distintas latitudes.

-Pensé que te habías quedado definitivamente dormido. ¿Te gusta este vestido? -enfatiza ella, tras voltear la mirada hacia Jones desde el otro extremo de la cama.
 
-Es bastante mejor que aquel que te regaló Belloq. Menos mal que al menos Toht concordó conmigo -enfatiza Indy.

-¿Que los americanos no sabemos vestirnos? -pregunta ella con suficiente coquetería. Él se ríe muy fuerte.

-¿Y a quién le importa lo que opinen esos hijos de puta? -responde él con fastidio.

-Menos mal que ellos están lejos -complementa ella.

-No quiero cantar victoria. Recuerda que Belloq es el cerebro y Dietrich dirige a la fuerza. Hitler tiene poder suficiente para que su gente se pueda mover y recuperar el arca -reflexiona Henry, como si estuviera haciendo sus clases habituales en su natal Estados Unidos. 

-Y nosotros este barco -complementa ella, con cierta seguridad que, paradojalmente, suena extraña dentro de la fragilidad de un firme pero modesto barco pirata.

-Llegaremos a Inglaterra como sea, aunque tengamos que hacer detenciones en mil lugares...Recién allí veremos la forma de llegar a casa...Con el arca, desde luego -añade Indiana con firmeza.

-Olvídate de eso en este momento. Ahora estamos tú y yo -añade Mary. Él accede a ese espíritu que, diez antes, los juntó. Era 1926, ella era casi una niña y Jones ya se destacaba como un maestro de escuela al que le fascinaba descubrir leyendas enterradas. Era discípulo de Abner Ravenwood, padre de Marion. Por entonces ella y Jones tuvieron una relación sentimental que finalmente no prosperó, pero que en 1936 revivió tras el rescate de un medallón propiedad de Abner, que su hija conservaba y que fue el elemento clave para desenterrar el arca asociada a Dios, los mandamientos y Moisés.

Pero en la noche del barco pirata están en otra. Tras el accidentado rescate del tesoro de connotación bíblica, algo de cansancio y el relajo que brinda el deber cumplido quedan fuerzas para hacer el amor. 

Y el deseo contenido da paso a un gran evento mágico, válido sólo para dos. Evidentemente no hay espacio para la tripulación y el resto de los pasajeros de la ocasión (y tampoco ellos pueden enterarse tan fácilmente de lo que ocurre en esa habitación). Como que las tres horas siguientes llevan a la práctica todo aquello que no pudieron hacer -él pensando en ella y viceversa- en los más que estresantes días anteriores. Y no fue poco: sobrevivieron a un incendio, a las inclemencias del tiempo en el desierto, al salvajismo de adversarios muy hostiles, al espionaje, al encierro, al escondite, al engaño y, de acuerdo a esta dinámica, a una secuencia zigzagueante de frustraciones y triunfos, con persecuciones y sanguinarios enfrentamientos incluidos.

En el fondo lo de esas tres horas fue un dulce desquite y el epílogo feliz tras esos días terroríficos y con una satisfacción añadida previamente: el valioso cofre, "fuente de un inimaginable poder" -al decir de Marcus, amigo del héroe- de alto interés para el gobierno y los estudiosos estadounidenses. Según Sallah, el amigo egipcio de la pareja, "no es algo de esta tierra". 

Al amanecer las sonrisas amenazaban con prolongarse. Indy ya se disponía a averiguar cuánto había avanzado el barco por el mar Mediterráneo. 

-No debe haber sido poco. Han pasado más de seis horas -reflexiona en voz alta mientras Marion duerme todavía. Sin embargo, luego de ponerse la camisa, detecta por la ventana la presencia de otra nave cerca del barco, que este se ha detenido y hay gritos a bordo. No tarda en detectar que se trata de Dietrich y sus hombres más Belloq.

-¡Demonios!...-se queja Jones. Luego cambia la mirada desde la ventana hacia a la cama, donde Mary sigue quieta y serenamente con los ojos cerrados- Parece que esto no ha terminado, cariño.


*Basado en una escena de la clásica película "Indiana Jones y los Cazadores del Arca Perdida" (1981), dirigida por Steven Spielberg y producida por George Lucas conforme a un guión escrito por este último, Lawrence Kasdan y Philip Kayfman. Indiana Jones fue inmortalizado por Harrison Ford y el papel de Maryon Ravenwood fue interpretado por Karen Allen.

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