"Adios a la armas" de Ernest Hemingway: un amor sin lugares comunes
El libro del Premio Nobel remece mediante una historia cuya línea de acción desafía toda clase de obstáculos y, por cierto, el mismo tiempo en que fue escrita. Al leer "Adiós a las Armas" (1929) y (sobretodo) tras terminar la lectura, me sobrevino un atisbo de conclusión algo frívolo, pero no por ello menos certero y alejado de lo valioso de la novela: la alusión regular del protagonista a los tragos. No señalaré tan tajantemente que Ernest Hemingway tuvo una alta predilección por los bebestibles con alcohol (no puedo referirme tan taxativamente a alguien que no conocí). Pero justamente esa observación lleva a una conclusión superior: el tipo tenía "calle", como suele decirse a la gente que tiene mucha experiencia mundana (que no es lo mismo que turística).