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Cuento corto: el aroma de la vela

Foto de sitio Derrama Magisterial
Por Gonzalo Figueroa Cea

SEXUAL DELICADEZA
Santiago no lo esperaba. Solo, en su casa, con algo de sueño pero de buen humor, veía el canal del fútbol, cuando de repente golpean la puerta. 

-¡Bah!, pero si cerré el portón que da a la calle -reflexionó algo extrañado.

Se paró del cómodo sillón en que estaba sentado y, con la misma cara de extrañeza, abrió la puerta. Tímido, como de costumbre, su cara pasó a ser de asombro cuando vio a su visitante, frente a él a pocos centímetros: menuda y en tenida deportiva, era su hermosa vecina, María José.

-Santiago: disculpa que te moleste tan tarde -dijo la chica con un sentimiento de culpa que no podía disimular.

-No te preocupes. Pasa, por favor -respondió el hombre, algo nervioso todavía.

-Perdona cualquier inconveniente que te haya causado, pero debo ser directa...-confesó María José, con los ojos algo llorosos.

-Dime - dijo expectante el dueño de casa, pero con nerviosa ternura.

-Mi hija está con temperatura. No tengo cómo comprarles los remedios -reconoció la chica, apenas veinteañera.

Santiago, un hombre de unos 35 años, se quedó quieto y muy pensativo varios segundos. Balbuceó algunas palabras sin terminar de pronunciarlas. Se acordó que tiene un pequeño de la misma edad que la de la hija de la Coté (como le llaman en el vecindario). No lo ha visto desde hace dos meses. Ha pasado con su hijo situaciones similares a las que estaba pasando María José con su hija.

María José, en esos largos segundos, esperaba paciente la respuesta.

-¡Vamos a comprar los remedios! -respondió decidido y muy serio el hombre.

-¿Habrá alguna farmacia abierta? Son las 11 de la noche y es lunes-preguntó ella.

-¡Tiene que haber! -puntualizó él con energía.

Fueron a comprar los remedios en el automóvil de él, un Lada del año 90, bien mantenido pese a sus 27 años a cuestas.

Adentro había un aroma a vela de color mezclado con jabón fino, como de fruta, que a ella le fascinó. "Me encanta el olor de tu auto, Santiago", le dijo ella, tras la compra de los remedios. María José estaba muy agradecida. Y él sintió la satisfacción del deber cumplido.

Curiosamente no hablaron mucho en el trayecto: ella es estudiante de veterinaria y, él, profesor universitario especializado en arte. Algunos lugares comunes propios de cada función fueron el objeto de la conversación. Pero lo del olor del vehículo le quedó dando vuelta a él. "¡Le gusta eso!", reflexionó él para sus adentros.

La hija de la Coté mejoró ostensiblemente al día siguiente. La joven madre se lo comunicó emocionada a Santiago. Él mismo fue donde su vecina tan sólo para saber cómo estaba la pequeña.

A la salida, agradecida y emocionada María José le dio un beso sin que mediara resistencia de parte de Santiago. De hecho bastan algunos segundos para que él manifieste su cariño con el mismo rigor. Ella había puesto una vela que le recordó a ambos el aroma del automóvil de él.

Al día siguiente, la niña, aprovechando sus vacaciones de invierno, fue donde su abuelita materna, dejada por su mamá, a varias cuadras de la casa de ésta y la de su vecino.

María José, quien todavía se sentía en deuda con Santiago, acudió a la casa de éste con un pie de limón. Es de noche y Santiago la recibe muy complacido. Y, de paso, el aroma le recordó al de la vela.

-¿Disfrutaremos el pie de limón de inmediato? -preguntó cándidamente él.

-¿De inmediato? ¿Tan apuradito? -retrucó ella

-Bueno, si tú lo quieres...-respondió él sonriente.

-Por supuesto que lo quiero, amor...¡Para después!-complementó enérgica pero sonriente ella.

-¡Para después, amor! - afirmó él, antes de un nuevo beso, que se alargó muchísimo más ...en relación al del día anterior.

Comentarios

  1. hay Santiago y sus picardias y que mas hace el pobre si le ponen el pan en la boca? pues comerlo... con timidez que es lo que caracteriza tus personajes, pero de que comió, comió ... Estas pintado con tus vivencias, la verdad muy frescas y entretenidas

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